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Hipo e hipertiroidismo: dos caras de una misma glándula y por qué no se parecen en nada

hace 5 horas
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Actualizado: hace 4 horas

La tiroides es una pequeña glándula con forma de mariposa, ubicada en la parte frontal del cuello, pero su influencia llega a casi todo el cuerpo: regula el ritmo del corazón, la temperatura, el peso, el estado de ánimo y los niveles de energía. Cuando produce muy poca hormona se habla de hipotiroidismo, y cuando produce demasiada, de hipertiroidismo. Aunque comparten el mismo órgano, sus síntomas, causas y tratamientos son casi opuestos, y confundirlos o pasarlos por alto retrasa el diagnóstico. Entender cómo se diferencian es el primer paso para cuidar la salud tiroidea y evitar tratamientos innecesarios.



¿Qué hace la tiroides y qué pasa cuando se desajusta?

La tiroides produce las hormonas que marcan el ritmo del metabolismo: si producen poco, el cuerpo se enlentece (hipotiroidismo) y si producen demasiado, se acelera (hipertiroidismo).

La tiroides fabrica dos hormonas, la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3), que actúan sobre el corazón, el cerebro, el intestino, los músculos y la piel. Su producción está controlada por la hipófisis, una glándula del cerebro que libera la hormona estimulante de la tiroides (TSH): cuando la hormona tiroidea baja, la TSH sube para estimularla, y cuando sube, la TSH baja para frenarla. Es un sistema de control muy fino, y por eso la TSH es la primera pista cuando algo falla.


Se estima que el hipotiroidismo afecta a cerca del 5 % de los adultos, si se incluyen las formas leves, y el hipertiroidismo a alrededor del 1 %. Ambos son más frecuentes en mujeres y su frecuencia aumenta con la edad. Como los síntomas pueden ser sutiles y se parecen a los del estrés, la menopausia o el cansancio cotidiano, muchas personas pasan años sin saber que su tiroides está desajustada.


Hipotiroidismo: cuando el cuerpo funciona en cámara lenta

Con poca hormona tiroidea el metabolismo se enlentece y aparecen cansancio, intolerancia al frío, estreñimiento y aumento de peso; en países con suficiente yodo, su causa más común es la tiroiditis de Hashimoto.

Los síntomas del hipotiroidismo suelen instalarse de forma gradual: fatiga, somnolencia, sensación de frío, piel seca, caída del cabello, estreñimiento, aumento leve de peso, lentitud mental y ánimo decaído. También puede haber frecuencia cardíaca baja, voz ronca, hinchazón facial y, en las mujeres, menstruaciones más abundantes o irregulares. Al ser síntomas tan inespecíficos, es frecuente atribuirlos al estrés, a la edad o al ritmo de vida.


Las causas más habituales son la tiroiditis de Hashimoto, el tratamiento previo con cirugía o yodo radiactivo y algunos medicamentos, como la amiodarona o el litio. A nivel mundial, la falta de yodo en la dieta sigue siendo la principal causa. El tratamiento consiste en reponer la hormona con levotiroxina, una medicina segura y eficaz cuya dosis se ajusta a cada persona según su peso, su edad y sus análisis, y que suele tomarse de por vida cuando la causa es permanente.


Hipertiroidismo: cuando todo va acelerado

Con exceso de hormona tiroidea el cuerpo se acelera y causa palpitaciones, temblor, pérdida de peso, calor y ansiedad; la enfermedad de Graves es su causa más frecuente.

El hipertiroidismo suele manifestarse con palpitaciones, temblor fino en las manos, nerviosismo, insomnio, sudoración excesiva, intolerancia al calor, diarrea o deposiciones frecuentes y pérdida de peso a pesar de comer igual. En personas mayores los síntomas pueden ser más discretos, con debilidad y decaimiento en lugar de nerviosismo, lo que se conoce como hipertiroidismo apático. Si no se trata, puede producir arritmias como la fibrilación auricular y pérdida de masa ósea.


Sus causas principales son la enfermedad de Graves, los nódulos tiroideos que producen hormona en exceso y las inflamaciones transitorias de la glándula. El tratamiento incluye medicamentos antitiroideos, yodo radiactivo o cirugía según cada caso, y los betabloqueadores ayudan a controlar rápidamente los síntomas. Cuando aparece fibrilación auricular, además se evalúa la necesidad de anticoagulación para prevenir complicaciones como el accidente cerebrovascular.


Autoinmunidad: cuando las defensas atacan la tiroides

Hashimoto y la enfermedad de Graves son enfermedades autoinmunes en las que el sistema inmune confunde la tiroides con una amenaza, y por eso suelen coexistir con otras enfermedades autoinmunes como la diabetes tipo 1, la celiaquía o el vitiligo.

En la tiroiditis de Hashimoto, el sistema inmune destruye poco a poco el tejido tiroideo y la glándula termina produciendo menos hormona. En la enfermedad de Graves ocurre lo contrario: los anticuerpos estimulan la tiroides de forma continua y esta produce hormona en exceso. Es decir, ambas comparten un mismo origen autoinmune, pero su efecto sobre la glándula es opuesto, y por eso pueden dar cuadros clínicos tan distintos.


Existe una predisposición genética y son más frecuentes en mujeres, con momentos de mayor vulnerabilidad como el posparto, donde se estima que entre el 5 % y el 10 % de las mujeres desarrolla una inflamación transitoria de la tiroides. Quienes tienen una enfermedad autoinmune, como diabetes tipo 1, celiaquía, artritis reumatoide o vitiligo, presentan con más frecuencia autoinmunidad tiroidea, y por eso conviene vigilar la función de la tiroides en ellos y en sus familiares cercanos.


Estrés y estilo de vida: ¿qué papel juegan realmente?

El estrés y los hábitos no provocan por sí solos una enfermedad tiroidea, pero pueden actuar como desencadenantes en personas predispuestas; el tabaquismo, el exceso de yodo y ciertos suplementos sí tienen efectos comprobados.

Los estudios han encontrado que los eventos de estrés intenso se asocian con el inicio de la enfermedad de Graves en personas con predisposición, aunque no se ha demostrado que el estrés sea por sí solo una causa directa. Lo que sí es claro es que el sueño insuficiente y la tensión sostenida empeoran la sensación de fatiga y de ansiedad, y pueden confundirse con los síntomas de la tiroides. El tabaquismo, por su parte, aumenta el riesgo de enfermedad de Graves y de afectación ocular, y dejarlo mejora el pronóstico.


En la alimentación, el yodo es necesario para fabricar las hormonas, pero tanto su déficit como su exceso pueden dañar la tiroides, por lo que se desaconsejan los suplementos de algas sin indicación médica. El selenio no se recomienda de forma rutinaria, y los suplementos de biotina pueden alterar los resultados de las pruebas, por lo que conviene avisar al médico y suspenderlos unos días antes del examen si él lo indica. Quienes toman levotiroxina deben hacerlo en ayunas, entre 30 y 60 minutos antes del desayuno, y separarla unas 4 horas del calcio y del hierro.


Cómo se diagnostica y se controla

Con un examen de sangre sencillo se sabe si la tiroides trabaja de más o de menos; después, el tratamiento se ajusta con controles periódicos y debe adaptarse a cada persona, sobre todo en adultos mayores.

El primer paso es un examen de sangre que mide la TSH, una hormona que produce el cerebro para avisarle a la tiroides cuánto debe trabajar. Si la TSH está alta, significa que el cerebro está “gritándole” a una tiroides que produce poco: es la señal del hipotiroidismo. Si está baja, es porque la tiroides ya produce demasiado y el cerebro la frena: es la señal del hipertiroidismo. Casi siempre se confirma midiendo también la hormona tiroidea en la sangre y, si hace falta, unos anticuerpos que indican si la causa es autoinmune. A veces el médico pide además una ecografía del cuello para ver cómo está la glándula.


Una vez que empiezas el tratamiento o cambias la dosis, el médico te pedirá un nuevo examen a las 6 u 8 semanas para ver si la dosis es la adecuada. Cuando ya estás estable, basta con un control una vez al año. En personas mayores de 65 años es normal que la TSH suba un poco con la edad, sin que sea una enfermedad. Tratar ese cambio normal con medicina de más puede causar problemas como palpitaciones y huesos más frágiles, por eso la decisión debe tomarse según cómo te sientes y no solo según un número. Si tomas anticoagulantes como la warfarina, avisa siempre a tu médico cuando cambien tu dosis de tiroides, porque puede ser necesario revisar también esos controles.


Conclusión


El hipotiroidismo y el hipertiroidismo afectan a la misma glándula, pero se manifiestan, se originan y se tratan de forma muy distinta. Reconocer los síntomas, entender el papel de la autoinmunidad, cuidar el estilo de vida y evitar suplementos o dietas sin respaldo permiten un diagnóstico más oportuno y un tratamiento ajustado a cada persona. Si presentas cansancio persistente, cambios de peso sin causa clara, palpitaciones, intolerancia al frío o al calor, o tienes antecedentes familiares o una enfermedad autoinmune, una valoración en medicina interna con una prueba de TSH es el primer paso para encontrar respuestas.


Bibliografía


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