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Hígado graso y riesgo cardiorrenometabólico: implicaciones sistémicas de la enfermedad metabólica hepática

La enfermedad metabólica del hígado graso, conocida actualmente como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), representa una de las condiciones crónicas más prevalentes a nivel mundial. Se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en las células hepáticas en ausencia de consumo significativo de alcohol, y está estrechamente vinculada con alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina, la obesidad, la diabetes tipo 2 y la dislipidemia. Esta condición no solo afecta la función hepática, sino que también tiene profundas implicaciones sistémicas.



En los últimos años, se ha reconocido que el hígado graso no es una enfermedad aislada, sino un componente central del espectro de riesgo cardiorrenometabólico, que integra el riesgo cardiovascular, renal y metabólico en un mismo eje fisiopatológico. Diversas organizaciones, como la Organización Mundial de la Salud, han destacado la creciente carga de estas enfermedades debido a cambios en el estilo de vida, lo que convierte al hígado graso en un importante marcador temprano de enfermedad sistémica.


1. El hígado graso como manifestación de disfunción metabólica sistémica


El hígado desempeña un papel fundamental en el metabolismo de los lípidos, los carbohidratos y las proteínas. Cuando existe un desequilibrio energético crónico, especialmente asociado al exceso calórico y la resistencia a la insulina, el hígado comienza a acumular triglicéridos. Esta acumulación no es un fenómeno pasivo, sino que refleja una alteración profunda en la regulación metabólica del organismo. La resistencia a la insulina favorece la lipogénesis hepática, reduce la oxidación de ácidos grasos y aumenta la liberación de glucosa, contribuyendo al deterioro metabólico progresivo.


Además, el hígado graso actúa como un órgano endocrino alterado, liberando mediadores inflamatorios, adipocinas y factores proaterogénicos que afectan otros sistemas. Estas sustancias contribuyen al desarrollo de inflamación crónica de bajo grado, que es un elemento clave en la progresión de enfermedades metabólicas. Por esta razón, el hígado graso es considerado no solo una consecuencia, sino también un amplificador de la disfunción metabólica sistémica.


2. Incremento del riesgo cardiovascular asociado al hígado graso


El riesgo cardiovascular es la principal causa de mortalidad en pacientes con enfermedad metabólica hepática, incluso por encima de las complicaciones hepáticas. La acumulación de grasa en el hígado se asocia con aterosclerosis acelerada, disfunción endotelial y aumento del estrés oxidativo. Estos mecanismos contribuyen a la formación de placas en las arterias, elevando el riesgo de infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular y enfermedad arterial periférica.


Instituciones como la American Heart Association han reconocido el hígado graso como un factor independiente de riesgo cardiovascular. Esto se debe a que los pacientes con esta condición presentan alteraciones en el perfil lipídico, incluyendo aumento de triglicéridos, disminución del colesterol HDL y aumento de partículas LDL aterogénicas. Estas alteraciones favorecen la progresión de enfermedad cardiovascular, incluso en etapas tempranas de la enfermedad hepática.


3. Impacto del hígado graso en la función renal


La enfermedad metabólica hepática también tiene una estrecha relación con el deterioro de la función renal. La inflamación sistémica, el estrés oxidativo y la disfunción endotelial generados por el hígado graso afectan la microcirculación renal, favoreciendo el desarrollo de enfermedad renal crónica. La resistencia a la insulina y la hipertensión, frecuentemente presentes en estos pacientes, contribuyen adicionalmente al daño renal progresivo.


Estudios clínicos han demostrado que los pacientes con hígado graso tienen mayor probabilidad de presentar reducción en la tasa de filtración glomerular y aumento en la albuminuria, ambos marcadores de daño renal. Según la European Association for the Study of the Liver, la presencia de hígado graso debe considerarse un factor de riesgo importante para enfermedad renal, lo que resalta la necesidad de una evaluación integral del paciente.


4. El hígado graso como predictor de síndrome cardiorrenometabólico


El concepto de riesgo cardiorrenometabólico integra las alteraciones del corazón, los riñones y el metabolismo en un mismo espectro patológico. El hígado graso es considerado un marcador temprano de este síndrome, ya que refleja la presencia de alteraciones metabólicas subyacentes que afectan múltiples órganos. Su presencia se asocia con mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular.


Además, la progresión del hígado graso hacia formas más avanzadas, como la esteatohepatitis y la fibrosis, aumenta aún más el riesgo sistémico. La fibrosis hepática, en particular, se ha identificado como un fuerte predictor de mortalidad cardiovascular y global. Esto demuestra que la evaluación del hígado no solo tiene implicaciones hepáticas, sino también pronósticas a nivel sistémico.


Conclusión

La enfermedad metabólica del hígado graso representa una condición multisistémica que va mucho más allá del compromiso hepático. Su presencia refleja una disfunción metabólica profunda que afecta el sistema cardiovascular, renal y endocrino, posicionándolo como un componente clave del riesgo cardiorrenometabólico. Lejos de ser una enfermedad aislada, el hígado graso debe entenderse como una señal de alerta temprana de deterioro sistémico.


La identificación temprana de esta condición permite implementar estrategias preventivas dirigidas a mejorar el metabolismo, reducir la inflamación y disminuir el riesgo cardiovascular y renal. Por esta razón, el abordaje del hígado graso debe ser integral, considerando no solo la salud hepática, sino también la prevención de complicaciones cardiorrenometabólicas que impactan significativamente la calidad y expectativa de vida de los pacientes.


Bibliografía

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Enfermedades no transmisibles y factores de riesgo metabólico.

  • European Association for the Study of the Liver (EASL). Clinical Practice Guidelines on non-alcoholic fatty liver disease.

  • American Heart Association (AHA). Cardiovascular risk and metabolic dysfunction-associated fatty liver disease.

  • American Diabetes Association (ADA). Standards of Medical Care in Diabetes.

  • Targher G, Byrne CD, Tilg H. NAFLD and increased cardiovascular risk: clinical associations and mechanisms. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology.

  • Mantovani A, Petracca G, Beatrice G, Tilg H, Byrne CD, Targher G. Non-alcoholic fatty liver disease and risk of chronic kidney disease. Journal of Hepatology.

 
 
 

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